La mala prensa del Medioevo

San_AnselmoLeo en Página 12 que se emitió un comunicado, firmado por alrededor de mil académicos argentinos y también extranjeros, repudiando la idea del ministro Barañao (Ciencia y Tecnología) de suprimir las investigaciones medievales en el CONICET. Su postura se enmarca en el argumento más general de que los investigadores no pueden aspirar al CONICET como alternativa de carrera estable. Es una discusión compleja la que se plantea: en mi opinión no es tan descabellado el argumento que esgrime el ministro, el problema es que se discuta sobre la base de un plan de desfinanciación de la investigación (entre otras muchas áreas), por esto de “bajar el déficit” que tanto preocupa al gobierno y que lo que produce de hecho es un retiro del estado de sus funciones esenciales.

Querer suprimir las investigaciones medievales me hace acordar a cierta reticencia de mis alumnos adultos-mayores, de un curso de Introducción a la Filosofía, a que trabajemos filosofía medieval. Para muchos, la época medieval es antónimo de esa otra actividad tan preciada. No es filosofía lo que se hacía en aquellos tiempos, sostienen, sino mero oscurantismo religioso. Todos los años me encuentro haciendo una defensa del abordaje del período medieval en mis clases, y a veces convenzo más que otras.

Luego de ver filosofía antigua, nos abocamos a ver pensamiento teológico: centramos el interés en los argumentos de un monje medieval llamado San Anselmo, que decía que la fe debía ser auxiliada por la razón, y en ese marco esbozaba un argumento lógico que justificara la existencia de Dios. El mismo planteaba más o menos que si Dios, por su definición esencial, es el sumo ser, entonces no hay nada mayor que pueda ser concebido. Si nada mayor puede ser concebido entonces no puede ser solamente pensado, sin tener existencia efectiva, porque de esa forma sería solo mental, y algo mayor podría ser concebido. Por lo tanto, por su propia definición, existe tanto en la mente como en los hechos. Es muy simpático ver a los experimentados alumnos tratando de explicar la falacia más ruidosa del argumento del teólogo. Dejo tales especulaciones para la pericia analítica del lector, que seguramente ya se encuentra refunfuñando sus críticas.

Más adelante trabajamos una idea de la escuela de Frankfurt, según la cual la época contemporánea (el siglo XX para ellos) concibe lo religioso como una cosa del pasado. Afirma que no se puede volver del giro secular producido en las sociedades modernas. Sin embargo, habría una religiosidad posible, más teórica e intelectual que la de antaño, vinculada al sentido estético de la vida, que posibilita un retorno al pensamiento mítico, emancipatorio en el contexto de una sociedad absolutamente racional y desencantada. En la tiranía de lo racional, lo religioso es una vuelta al pensamiento mágico que libera de las ataduras del pensamiento científico universalizado.

El otro material didáctico que trabajo, en mis cursos de Cine y Filosofía, es la querida El nombre de la rosa, obra cinematográfica que elijo cuando me preguntan por mi favorita. La novela la leí en la adolescencia, me debo una lectura más atenta en el presente. ¿Cuáles serían las grandes enseñanzas de ese relato tan entrañable? En principio, que la razón humana también luchaba por el mejoramiento del mundo en aquellos tiempos de violencia y superstición. Esa misma razón que luego prevaleció, tiranizó la realidad y los críticos frankfurtianos denunciarían con tanta vehemencia.

En definitiva: ¿tiene algún sentido seguir pensando lo medieval? Creo que epistemológicamente sí, es una época que revela aspectos de la condición humana que es necesario pensar, para comprendernos un poco mejor en el presente. Siendo honesto, a mí me tira más lo afectivo que lo racional en estos asuntos: el Medioevo me seduce, como lo demuestra la atracción que me generan las iglesias y catedrales, de mi ciudad y de las ciudades del mundo que he visitado. O las novelas policiales de Ellis Peters, con el herborista investigador Fray Cadfael como protagonista. Hay algo en esos testimonios vivos que nos transporta a una época distinta a la nuestra, llena de enigmas sobre la existencia pasada, presente y futura.

Van algunas fotos sacadas en la Catedral de La Plata.

Exitismo y caudillaje

1919450w640Lo más interesante de la entrevista que le da Felipe González a Silvestre es el llamado posterior que hace el ex presidente al periodista, ya fuera de la conversación grabada, y le aclara: “lo que afirma Clarín, de que yo le pregunté a Macri cuándo la justicia iba a meter presa a Cristina, es falso porque no se ajusta a mis convicciones, ni para Argentina, ni para Venezuela”. Siente la imperiosa necesidad de volver a llamar haciendo la aclaración de Venezuela. Lo que se deduce es que Felipe González critica al kirchnerismo, tanto como al chavismo, pero así y todo no cree legítimo que la política presione a la justicia para que se ataque a una facción política.

La interpretación que se hace del título del diario Clarín es que al ver, el multimedio, que Cristina tiene mucho poder en las urnas ahora pretende que se la frene metiéndola presa. El que presiona es Clarín y el presionado sería Macri para que mueva sus alfiles en la justicia. Discuten la idea de Durán Barba de que disputar con Cristina polarizaría y haría crecer al macrismo en base al odio a la ex presidenta. Esa estrategia sería errada, piensa Clarín, porque Cristina está fuerte en las encuestas.

Aparentemente González es un lobista de empresas españolas en Argentina. Es probable que el grupo Clarín haya tenido algún conflicto de interés con una empresa auspiciada por el ex mandatario y eso haya llevado a que lo apreten de esa manera. Cuando Silvestre le pregunta si se le ocurre la razón por la cual Clarín miente con eso, González parece no tener idea. También puede haber ocurrido que mientan descaradamente, involucrando al político español sin intención concreta. Estando del otro lado del poder cuesta entender la lógica interna de estos movimientos.

Volviendo a lo otro, en primer lugar no depositaría tanta confianza en las encuestas, pueden equivocarse. Clarín va a demandar que Cristina vaya presa, independientemente de que le vaya bien o mal en elecciones. Lo que me preocupa es cierto exitismo en el que siempre incurrió el kirchnerismo, y que todo este contexto alimenta. También me preocupa una concepción mesiánica cada vez más protagónica, que ve en Cristina la solución de todos nuestros males. Son dos problemas (exitismo y caudillaje) que el kirchnerismo acarrea hace tiempo y que no han dado buenos resultados. En mi opinión, la energía del peronismo debe estar puesta en armar un frente lo más amplio posible, que trascienda sus propias fronteras de identidad política, sin liderazgos mesiánicos, abierto al debate y sobre todo a las diferencias.

Rosca 3 – Relajación 1. Perdemos por goleada.

Martin YezaEn su momento, Marcos Peña fue propuesto por el asesor de imagen Durán Barba. A diferencia de Lopetegui y Quintana, los otros dos integrantes del tridente de confianza del presidente, Peña declaró un patrimonio de clase media acomodada y no fue CEO de empresas. Incluso en su forma de hablar y gesticular, no se ajusta a los modelos clásicos de dirigente político. Da la imagen de una persona común y corriente.

Nuevamente Durán Barba, basándose en la buena imagen en la red social twitter de Martín Yeza (intendente de Pinamar de poco más de 30 años), baraja junto a la gobernadora Vidal la posibilidad de que el joven dirigente encabece la lista de Diputados en las próximas legislativas.

Me gusta más hablar de PRO que de Cambiemos, porque se focaliza en una generación de dirigentes que rompen con las formas tradicionales de ejercicio del poder. El PRO ha sabido renovar su discurso para tiempos de mayor institucionalidad democrática, por lo menos en algunos de sus cuadros dirigenciales. Hay que reconocer que gran parte de su militancia todavía adolece de serias carencias en sus cualidades de oratoria. No es el caso de Martín Yeza que, más allá de la discusión en torno a las políticas concretas del actual gobierno, expresa un cambio profundo en la imagen política. Hay un contenido de verdad en los enunciados de cambio del actual gobierno.

No desesperar, pensar las cosas con serenidad, levantar la comprensión por arriba del odio y mantener firme la bandera de tolerancia.

 

 

El rengo y el tuerto: crónicas ricoteras

345Cuando estaba en el secundario fui a ver a Los Redondos a Tandil. Fuimos con un amigo y compañero de división que se golpeó la pierna pocos días antes, cuando ya habíamos comprado las entradas, y fuimos igual con él enyesado. Ese hecho anunciaba el carácter trágico de toda ceremonia ricotera. Esa tarde llovió a mares en Tandil y el recital se dio bajo un aguacero interminable. Se cantaba “esta lluvia de mierda no quiere parar, es Cerati que no para de llorar”. Recuerdo eso y la lluvia de barro que volaba sobre nuestras cabezas. Eran miles y miles de montículos de tierra mojada volando como proyectiles de los que había que protegerse. Uno de ellos me dio directo en un ojo, dejándome absolutamente ciego de uno de los dos campos visuales. Así que ahí estábamos, uno tuerto y el otro rengo, resistiendo las embestidas violentas del pogo más grande del mundo (esto es literal, el pogo abarca el conjunto del campo, la gente salta y acompaña las oleadas humanas). Un joven que andaba solo por esos campos inhóspitos de dios alguno, nos auxilió y entre los dos ayudábamos al enyesado a mantenerse firme en medio de ese mar embravecido.

De aquél recital recuerdo el viaje de ida, en un micro con hinchas de gimnasia sacados y también nuestro ingreso a un quiosco para comprar en un intervalo del recorrido, en el que nuestros compañeros de ruta se robaban las cosas del mostrador cuando la empleada se daba vuelta. Ir a un recital de Los Redondos es una especie de acto de fe, la peregrinación de un caudal humano en estado salvaje.

El segundo recital fue en mi primer año de facultad, un diecisiete de abril si no recuerdo mal, en River. Cumplía 19 años. En el viaje de ida consumimos una droga fuerte que iría surtiendo efecto a medida que avanzábamos por la ruta en el auto, escuchando a todo volumen el disco Californication de Red Hot Chili Peppers. Fue otra travesía mítica. Mientras hacíamos la eterna cola en los predios lindantes al estadio, los ricoteros desarmaban la fila para entrar en una confrontación con la policía. Eran jóvenes enfrentando con piedras los imponentes caballos de la fuerza pública. Dantesco. Entre tanto, nosotros pasábamos de la risa al terror más profundo en un segundo. Yo estaba tan drogado que me adentré en dirección a los caballos queriendo escapar de la situación. Llegué hasta un árbol y me acurruqué rogando que me tragara la tierra. Eso nunca pasó y al rato estaba entrando al estadio. Advino la felicidad absoluta. La música sonaba entre fuegos artificiales que solo tenían lugar en mi cabeza. Fue un festival de luces imaginarias.

Me perdí de mi grupo y quedé sin billetera, me la había olvidado en el auto. Tuve que volver caminando hasta la estación pidiendo monedas a los grupos de ricoteros en su regreso, para poder pagarme un pasaje. Recuerdo que esas bandas de gente eran solidarias con aquél paria que quedaba en situación de vulnerabilidad en un evento de dimensiones monstruosas como ese.

El tercer y último recital fue un tiempo después. Esta vez en la ciudad de Córdoba. Cuando quisimos pasar una de las barreras policiales, antes de entrar al estadio, a uno de los que estaba con nosotros le encontraron un porro. Se lo llevaron para otro lado, o al menos eso creí ver yo. En la desesperación pedí a la policía ir hacia el lugar al que lo habían llevado. Era una especie de estacionamiento de autos, en el que había cientos de jóvenes detenidos por otra gran cantidad de policías. No sé de qué manera terminé haciendo de testigo de otra detención. Me negaba a testificar porque no veía la droga que me decían que había tenido encima el joven. Entré en una discusión absurda con el policía. A mi amigo no lo vi así que pregunté a dónde los trasladaban. Me dijeron que a la estación central de policía así que allí fui. Me tomé un micro y al rato estaba en el hall de un edificio en el que entraban policías con ricoteros permanentemente. Yo observaba si alguno de ellos era la persona que buscaba. Los llevaban a una oficina que tenía el cartel de “Dirección de drogas peligrosas”. Le preguntaba a los policías que pasaban si podían averiguar donde estaba mi amigo. Les daba su nombre, pero nadie volvía para traerme una respuesta. No sé cómo terminó la cosa, la cuestión fue que volví al recital y más tarde me enteré de que mi amigo nunca había ido a la central de policía. Lo dejaron entrar al estadio. Los recitales de Los Redondos siempre fueron eso para mí: mucho acelere mental y por momentos preocupación severa.

No recuerdo en cuál de los tres, creo que en el de Córdoba, vi la sangre de un joven que había caído desde una de las gradas.

Fui una cuarta vez, a ver al Indio, al estadio único de La Plata, un poco más grande y con mi tía. Recuerdo que ella se lamentaba de que no estuviéramos en el campo. Había sido una recomendación mía la de ir a las gradas, temiendo complicaciones. Ese fue el más tranquilo de todos para mí.

En fin, no escribo estas crónicas para aportar algo relevante al debate que se generó luego del último recital en Olavarría, no estuve ahí y debió ser terrible. Escribo sobre todo para que los recuerdos no se pierdan en algún lugar recóndito de la conciencia, y por si a alguien le interesan.

Dos peronismos

dedo-en-vCarlos Heller y Hugo Yasky cruzaron opiniones ayer, en el programa de Sylvestre. El primero dijo que para inclinar la balanza en favor de los sectores populares es necesario ganar una elección, es decir que el gobierno macrista sufra una derrota electoral. Yasky disiente esgrimiendo el argumento de que más importante que una elección es la lucha en las calles.

Partiendo de la base de que ambas cosas son importantes, no puede retrasarse más el debate en torno a la construcción de mayorías en la elección legislativa de este año.

Soy de los que creen que no debe minimizarse lo que pasó en el cierre de la movilización encabezada por la CGT. Se expresó la profunda crisis de representatividad política del sector que se opone a las políticas del actual gobierno. Cristina había llamado a participar de la marcha, mientras ella declaraba en Comodoro Py, y sectores que la apoyan efectivamente fueron. Entre los que reclamaron una fecha concreta a la cúpula sindical, había seguidores de Cristina, eso es innegable, que ya habían concurrido a la marcha con malestar. La CGT no aportó tampoco a la concordia, abriendo su acto con un homenaje a Rucci y prohibiendo la participación en el estrado a otros sectores que no sean del riñón de la CGT: al kirchnerismo pero también a la CTA, por ejemplo, que llevó 40.000 personas a la marcha.

Creo que el problema fundamental, de cara a los escenarios electorales que se presentan, es la existencia de dos peronismos fuertes. La CGT expresa un descontento frente al kirchnerismo similar al que expresó la formación del massismo. Como en la CGT, el massismo presenta una diversidad ideológica a su propio interior que desdibuja las diferencias de fondo con el kirchnerismo. Felipé Sola o Alberto Fernández son exponentes de una corriente progresista dentro de ese peronismo que se presenta como “la renovación”. Lo mismo ocurre dentro de la CGT: Moyano y Schmid son expresiones más combativas dentro del propio sindicalismo.

Ayer se expresó una ruptura profunda entre esos dos sectores políticos (Kirchnerismo y otros peronismos). Lejos de buscar culpables de los disturbios, la realidad es que la grieta entre ambos peronismos se ensancha y por lo tanto las posibilidades reales de constituir un frente político único en el plano electoral. Se retrasa la posibilidad de erigir una opción con posibilidades de triunfo frente a Cambiemos. Cuanto más se aísle el kirchnerismo de los otros peronismos más se dispersará el voto en los escenarios de votación. La elección es tan o más importante que una demostración en las calles, en la medida que cuantifica en términos objetivos los niveles de rechazo o adhesión.

A esta altura el lector se preguntará si es saludable seguir con tanto apasionamiento los hechos de la política argentina. Diría que lo que no es del todo saludable es tener afinidad sanguínea con el peronismo. Aquellos que no adolezcan de ese mal congénito pueden seguir sus vidas con normal tranquilidad y sin mayores contratiempos.

Vidalita mía

vidalitaMe hago la siguiente pregunta: ¿la clase media vio resentido su bolsillo luego del año que pasó? Seguramente sí. Así y todo ¿avala el ajuste económico que sufre el conjunto de la sociedad, bajo la consigna de que es un sacrificio necesario para que la economía reflote, como predican desde el gobierno? La Vidal apuesta a que ese sentimiento popular sigue siendo mayoritario. Y es que Argentina juega con ese factor que le es propio y la hace diferente a muchos otros países: la clase media acomodada es muy numerosa, incluso capaz de mover cualquier balanza electoral, y obligando al análisis a evadir cualquier teoría convencional de los avatares políticos nacionales.

Bueno, creo que nuestra clase media sí es capaz de asumir ese costo personal en lo económico en nombre de cierta cruzada anti corrupción y anti peronismo. La pregunta es cuánto le puede durar esa confianza, sobre todo teniendo en cuenta que la situación empeora cada vez más y en algún momento se hará insostenible aún para ese sector.

No acuerdo con que la Vidal sea impresentable, creo que es un cuadro político que pone a todo el arco opositor al macrismo en una verdadera encrucijada. No sólo por ser un alfil político en el presente, sino porque representa una solución de continuidad del actual gobierno, cuando Mauricio Macri deba o decida hacerse a un costado como protagonista de la contienda política. La Vidal no sólo está en condiciones de disputar electoralmente sino que tiene aspiraciones políticas como lo demuestra el hecho de que se desmarque en sus declaraciones públicas de elementos del gobierno nacional. Desde que es gobernadora, y tiene su propio colchón de legitimidad, da señales de jugar su propio juego político. Ya está en carrera como futura líder política a nivel nacional.

Y su estilo es absolutamente distinto al de Macri, incluso poniendo en evidencia la precariedad en ciertos frentes de gestión de este último. La Vidal ostenta capacidad de oratoria y escucha. Aunque solo sea discursiva esa escucha a los sectores que le reclaman, sabe contener discursivamente el malestar social, lo que no es poco en un funcionario proveniente de una fuerza con muchísimas falencias en el plano discursivo.

Su estilo apunta a cierta pulcritud institucional y responsabilidad en la gestión, cosa completamente diferente a la que puede verse en el estilo de Mauricio Macri. Lo que digo es que hay que seguirla de cerca, porque se presenta como un jugador importante, y con modelo propio de praxis política, de los próximos años en Argentina. No hay que subestimarla ni prejuzgarla.

El análisis de la política no necesariamente implica hacerse mala sangre. Incluso puede ser un medio terapéutico de pararse frente a la compleja, y a veces angustiante, realidad argentina.